— Fundadora de La Obra de La Iglesia
La Madre Trinidad nació en Dos Hermanas (Sevilla) el 10 de febrero de 1929.
Sus diecisiete primeros años serán el vivir sencillo y desapercibido de una jovencita buena en una familia acomodada y cristiana.
Pero Dios, en sus insondables designios, transformó con fuerza aquella vida sencilla de la joven Trinidad. Grandes donaciones de Dios irían marcando las etapas de su existencia para la misión que le quería dar en la Iglesia.
El 7 de diciembre, en la parroquia de Santa María Magdalena de Dos Hermanas (Sevilla), el repique de campanas marcó el inicio de su vida en la víspera de la Inmaculada.
«Aquel siete de diciembre fue como el surgir repentino de una pujante primavera que repletó mi vida de luz y puso un colorido nuevo en todo cuanto me rodeaba. El Amor Infinito se me puso delante, y como si me dijera:
¿Tienes necesidad de amar y de ser amada? ¡Yo soy el Amor Infinito! ¿Tu corazón está sediento de felicidad? ¡Yo soy la Felicidad, la Belleza, el Poderío, la Perfección eterna…! Y, desde aquel día, mi alma vive en la llenura de todas sus apetencias, infinitamente desbordada en sus ansias de ser y de poseer».
Al día siguiente, festividad de la Inmaculada, formalizó su entrega definitiva a Dios. Desde entonces, compaginó su trabajo en el negocio familiar de calzado con largas horas de oración ante la Eucaristía. En 1955 se trasladó a Madrid, donde comenzó a vislumbrar su futuro «al frente de una gran Obra» dedicada enteramente a la Iglesia.
Pocos años más tarde, por un regalo singularísimo Dios la introduce en su vida íntima. En el tema escrito por ella misma el 30 de abril de 1960, describe así lo que le pasó:
«Dios me introdujo […] el 18 de marzo de 1959, de una manera profundísima e inimaginable en la hondura insondable del Misterio de su vida […] para que contemplara aquel Santa Santorum de la adorable Trinidad, velado y oculto […] y allí fui introducida sin poder comprender cómo pude entrar; y mucho menos cómo después de haber salido, he podido seguir viviendo todavía durante tantos años […] ¡Sólo para ayudar a la Iglesia! ¡sólo para eso […] A la cual mi pobrecita alma temblorosa, tenía que manifestar […] como el Eco tan sólo, diminuto, asustado y tartamudeante, del Pueblo de Dios».
El Papa san Juan Pablo II, en el decreto de Aprobación Pontificia, quiso señalar aquel día, 18 de marzo de 1959, como el principio de La Obra de Iglesia, a pesar de que la Madre Trinidad no pensaba entonces en una fundación. Pero la Obra que el Señor quería hacer por su medio en la Iglesia, sí estaba comenzando, y lo hacía con una acción esplendorosa y especialísima del Señor en su alma.
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La Madre Trinidad nació en Dos Hermanas (Sevilla) el 10 de febrero de 1929.
Sus diecisiete primeros años serán el vivir sencillo y desapercibido de una jovencita buena en una familia acomodada y cristiana.
Pero Dios, en sus insondables designios, transformó con fuerza aquella vida sencilla de la joven Trinidad. Grandes donaciones de Dios irían marcando las etapas de su existencia para la misión que le quería dar en la Iglesia.
[fusion_title size=»1″ content_align=»left» style_type=»none» sep_color=»#800000″ margin_top=»50px» margin_bottom=»» class=»» id=»»]Del 7 de diciembre de 1946 hasta el 18 de marzo de 1959[/fusion_title]
El repicar de campanas de la torre de la parroquia de Santa María Magdalena del pueblo de Dos Hermanas (Sevilla. España), anuncia la fiesta de la Inmaculada en su víspera a las 12 del mediodía de aquel sábado, doblemente ya dedicado a la Virgen. Este repicar de campanas señala un momento importante y el principio de una vida diferente. Así lo describe ella misma:
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«Aquel siete de diciembre fue como el surgir repentino de una pujante primavera que repletó mi vida de luz y puso un colorido nuevo en todo cuanto me rodeaba. El Amor Infinito se me puso delante, y como si me dijera: ¿Tienes necesidad de amar y de ser amada? ¡Yo soy el Amor Infinito! ¿Tu corazón está sediento de felicidad? ¡Yo soy la Felicidad, la Belleza, el Poderío, la Perfección eterna…! Y, desde aquel día, mi alma vive en la llenura de todas sus apetencias, infinitamente desbordada en sus ansias de ser y de poseer».
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El día de la Inmaculada, en la parroquia de Santa María Magdalena, pronunciará su entrega a Dios ante la imagen de la Virgen: «Seré tuya y para siempre» marcando así sus primeros y definitivos pasos.
Largas horas, todo lo que le permite su trabajo en el negocio familiar de calzados, las pasará junto a Jesús en la Eucaristía, y detalles preciosos harán que Jesús se constituya en su único Maestro.
Por razones familiares, en 1955 se traslada a Madrid. A la intimidad con Jesús se unirán allí algunas luces proféticas que la hacen entrever su futuro «al frente de una gran Obra».
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«¡Yo nací para la Iglesia, y la Iglesia es mi canción!».
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Pocos años más tarde, por un regalo singularísimo Dios la introduce en su vida íntima. En el tema escrito por ella misma el 30 de abril de 1960, describe así lo que le pasó:
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«Dios me introdujo […] el 18 de marzo de 1959, de una manera profundísima e inimaginable en la hondura insondable del Misterio de su vida […] para que contemplara aquel Santa Santorum de la adorable Trinidad, velado y oculto […] y allí fui introducida sin poder comprender cómo pude entrar; y mucho menos cómo después de haber salido, he podido seguir viviendo todavía durante tantos años […] ¡Sólo para ayudar a la Iglesia! ¡sólo para eso […] A la cual mi pobrecita alma temblorosa, tenía que manifestar […] como el Eco tan sólo, diminuto, asustado y tartamudeante, del Pueblo de Dios».
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El Papa san Juan Pablo II, en el decreto de Aprobación Pontificia, quiso señalar aquel día, 18 de marzo de 1959, como el principio de La Obra de Iglesia, a pesar de que la Madre Trinidad no pensaba entonces en una fundación. Pero la Obra que el Señor quería hacer por su medio en la Iglesia, sí estaba comenzando, y lo hacía con una acción esplendorosa y especialísima del Señor en su alma.
[/fusion_text][/fusion_builder_column][fusion_builder_column type=»2_5″ layout=»2_5″ last=»true» spacing=»yes» center_content=»no» hide_on_mobile=»no» background_color=»» background_image=»» background_repeat=»no-repeat» background_position=»left top» border_position=»all» border_color=»» border_style=»» padding_top=»» padding_right=»» padding_bottom=»» padding_left=»» margin_top=»» margin_bottom=»» animation_type=»» animation_direction=»» animation_speed=»0.1″ class=»» id=»» border_sizes_top=»0px» border_sizes_bottom=»0px» border_sizes_left=»0px» border_sizes_right=»0px» first=»false» spacing_left=»1.6%» min_height=»» hover_type=»none» link=»»][fusion_text]
La Madre Trinidad recibe emocionada la bendición del Santo Padre san Juan Pablo II, que quiso visitarla estando enferma en su propia habitación (15 de diciembre de 1996).
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En 1976 nos dará una explicación sencilla de las consecuencias de este haber sido introducida en el Seno de Dios: «El entendimiento Divino se infunde en mi entendimiento pequeñito y yo sé lo que Dios es, lo que dice o lo que quiere (…) Dios me habla de entendimiento a entendimiento».
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Así se explica que, sin casi saber leer ni escribir y sin haber leído nunca un libro de teología, haya escrito y publicado diversos libros y tenga más de mil charlas registradas en audio o vídeo; aparte de innumerables escritos inéditos. Ver escritos >
[/fusion_text][/fusion_builder_column][fusion_builder_column type=»1_1″ layout=»1_1″ last=»true» spacing=»yes» center_content=»no» hide_on_mobile=»no» background_color=»» background_image=»» background_repeat=»no-repeat» background_position=»left top» border_position=»all» border_color=»» border_style=»» padding_top=»» padding_right=»» padding_bottom=»» padding_left=»» margin_top=»» margin_bottom=»» animation_type=»» animation_direction=»» animation_speed=»0.1″ class=»» id=»» border_sizes_top=»0px» border_sizes_bottom=»0px» border_sizes_left=»0px» border_sizes_right=»0px» first=»true» min_height=»» hover_type=»none» link=»»][fusion_title size=»1″ content_align=»left» style_type=»none» sep_color=»» margin_top=»50px» margin_bottom=»» class=»» id=»»]La Obra de la Iglesia[/fusion_title][/fusion_builder_column][fusion_builder_column type=»1_1″ layout=»1_1″ last=»true» spacing=»yes» center_content=»no» hide_on_mobile=»no» background_color=»» background_image=»» background_repeat=»no-repeat» background_position=»left top» border_position=»all» border_color=»» border_style=»» padding_top=»» padding_right=»» padding_bottom=»» padding_left=»» margin_top=»» margin_bottom=»» animation_type=»» animation_direction=»» animation_speed=»0.1″ class=»» id=»» border_sizes_top=»0px» border_sizes_bottom=»0px» border_sizes_left=»0px» border_sizes_right=»0px» first=»true» min_height=»» hover_type=»none» link=»»][fusion_text]
El día de Pentecostés de 1963 el Señor le pedirá: «Hazme la Obra de la Iglesia» «Con lo que te he dado ya sabes lo que tienes qué hacer».
Lo que el Señor hizo en ella el 18 de marzo es lo que ella tiene que hacer en la Iglesia, respondiendo a la necesidad impuesta por Dios en su alma: «Vete y dilo, esto es para todos». El 22 de marzo de 1963 dirá:[/fusion_text][/fusion_builder_column][fusion_builder_column type=»1_2″ layout=»1_2″ last=»false» spacing=»yes» center_content=»no» hide_on_mobile=»no» background_color=»» background_image=»» background_repeat=»no-repeat» background_position=»left top» border_position=»all» border_color=»» border_style=»» padding_top=»» padding_right=»» padding_bottom=»» padding_left=»» margin_top=»» margin_bottom=»» animation_type=»» animation_direction=»» animation_speed=»0.1″ class=»» id=»» border_sizes_top=»0px» border_sizes_bottom=»0px» border_sizes_left=»0px» border_sizes_right=»0px» first=»true» spacing_right=»2%» min_height=»» hover_type=»none» link=»»][fusion_text]
Alma querida, ayúdame a ayudar a la Iglesia mostrándola tal cual es y Dios la quiso en su pensamiento divino. (Fragmento)
Duración: 4 minutos.
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«No es precisamente porque yo sea un alma mística por lo que Dios me ha escogido para cantar su Canción, sino que haciéndome vivir plenamente mi ser de Iglesia, repletándome en la verdad infinita que en ella se encierra, me ha hecho romper en cantar, para manifestar que el secreto que se encierra en el seno de la Iglesia es para todos los hombres».
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Más sobre La Obra de la Iglesia >
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La Madre Trinidad: Una vida, una misión, una vocación que solamente Dios conoce hasta el fondo, y que ella describe con estas palabras:
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«Yo nací para la Iglesia, sólo para eso. Dios me creó en su infinito designio para que fuera “El Eco de la Iglesia mía”, para que cantara su canción y manifestara sus riquezas.
Yo nací para ser Iglesia, para que fuera entre los hombres expresión viviente de su realidad profunda, de su canción infinita y de su tragedia desgarradora. […]». (Del tema “Yo nací para la Iglesia”)
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