Escrito de la

MADRE TRINIDAD DE LA SANTA MADRE IGLESIA,

del día 9 de mayo de 1972, titulado:

HORAS DE SAGRARIO

Horas de Sagrario que son un encuentro con el alma herida en su caminar; encuentro amoroso del Amor que pide amor al que ama, solo para amar…

Horas de Sagrario…, ratos de silencio…, peticiones dulces, tierna intimidad…; coloquios de amores…, relación de amigo…, manifestaciones hondas de Divinidad…

Horas de Sagrario, ratos de silencio, melodías tenues en tierna añoranza que invita a adorar… Dios, que está tan cerca que, si el alma logra quedarse en silencio, siente allí el latido de su respirar…

Horas de Sagrario…, horas de misterio…, ratos de presuntos en felicidad…; coloquios de Cielo, donde el hombre vive, en peregrinar, momentos sublimes en la Inmensidad…

Horas de Sagrario reclaman mis ansias, y hoy pido a los míos, tras mi reclamar, para que aperciban, en tiernos coloquios, los misterios hondos de la Eternidad.

Horas de Sagrario que son un abismo, donde el alma entra para contemplar el misterio inmenso del Dios escondido tras la forma humilde de un trozo de Pan…

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Horas de Sagrario, en gritos de amores hoy pide a los míos mi maternidad…

¡Horas de Sagrario, hijos de mis ansias!, que el Amor espera sin cansarse nunca, en tierno esperar…

¡Horas de Sagrario que son un «trocito» de la dicha eterna de la Eternidad!

Por eso yo busco en nuestros Hogares, en el rinconcito donde con ternura yo pongo el Hogar al Amor Eterno que se oculta humilde en nuestros sagrarios bajo las especies de un poco de Pan, calores de amores, ternura y remanso, frescura y consuelo, ambiente de hogar… Y siempre en las casas que pongo al Eterno, busco rodearlas de gran bienestar, para que olvidemos las cosas rastreras, y gustemos todos en nuestros sagrarios un rato de gloria con la Trinidad.

Es mi deseo que en nuestros Hogares nuestras capillas sean acogedoras; tan calentitas en el invierno y tan fresquitas en el verano, tan cómodas, tan familiares, que seamos capaces de vivir en la tierra, en nuestros ratos de oración, un presunto, una cercanía, un saboreo o una preparación de Eternidad.

Nuestros ratos de oración han de ser un rato de gloria, de intimidad con el Eterno, de contacto con la Felicidad infinita; un rato de descanso espiritual en nuestro largo peregrinar.

Y por eso, como nuestro día eterno será un día glorioso de oración perpetua, que es lo mismo que de contacto con Dios en eterno, yo quisiera que todos los míos, cuando fueran a orar, fueran con el pensamiento de pasar en la tierra un rato de Eternidad con el Eterno; y para eso, quiero rodearles de aquel ambiente que más les haga olvidar todo lo de acá, para ser capaces de vivir del más allá.

No hagan nunca de la capilla un lugar de penitencia. No cojan posturas incómodas, aunque sí recogidas y respetuosas; estamos ante el Dios vivo para escucharle, para apercibirle, para consolarle, para amarle, para recibirle, para pasar con Él un rato de Eternidad, una agonía de Getsemaní o una crucifixión de Calvario, o para escuchar una explicación de su Misterio…

Y para todo esto, es necesario salir de nosotros mismos, olvidarnos, perdernos de vista, y buscar todos los medios necesarios para introducirnos en Dios del modo, de la manera o del estilo que más nos ayude a vivir de Él, con Él y para Él, sin nosotros y fuera de nosotros.

Para esto hay que evitar todo lo que sea ruido de puertas, movimientos innecesarios, salidas o entradas inoportunas, y todo aquello que interrumpa a nuestro espíritu y rompa el silencio exterior, el cual ayuda al interior para vivir el misterio silencioso del Dios escondido.

Alma querida, busca el silencio y haz silencio a tu alrededor para que encuentres, en el silencio de la soledad, al Eterno Silente; y procura ayudar a que este silencio sea extensivo a todos los que, en nuestros ratos de oración, buscamos silenciarnos junto a nuestros sagrarios en presunto de Eternidad.

Son mis ratos de Sagrario los presuntos del Eterno, mis alegrías de gloria, mis apetencias de Cielo…

Son mis ratos de Sagrario donde, en penares de duelo, lloro con mi Dios penante, recojo sus desconsuelos, apercibo sus martirios, y me consumo en sus fuegos…

Son mis ratos de Sagrario donde mi espíritu abierto recibe la omnipotencia de los poderes inmensos; donde me siento fecunda, donde abarco el Universo, donde llego a todas partes para llenar la misión de mi espíritu sediento…

En mis ratos de Sagrario, penetrada del Inmenso, irradio por todo el mundo las canciones de mi Verbo.

Son mis ratos de Sagrario añoranzas en tormento, por no encontrar al que ansío tras la luz de su misterio…

Son mis ratos de Sagrario, en claridades de Cielo, o en oscuridades tristes, los que llenan las cavernas torturantes de mi pecho.

Busco a Dios del modo extraño que se nos da en el destierro, en alegrías de gloria, o en soledades de invierno… ¡Pero no importa al que ama con nostalgias del Eterno esperar día tras día, cuando sabe que un Sagrario es la puerta de los Cielos!

Por eso busco en mi vida, en mis noches y en mis duelos, en mis torturas de muerte, en mi martirio incruento, en mi espera prolongada y en la noche del invierno, cuando me cubre la helada, cuando me ataca el infierno, ¡tras las puertas del sagrario, la abertura de los Cielos…!

¡Qué me importa que no sienta, ante mi sagrario abierto, si la antorcha de la fe, como luciente lucero, me dice que ese Pan es la gloria del Eterno!

Por eso, busca, hijo mío, con incansables desvelos, con agonías de muerte y aun con torturas de infierno, largos ratos de Sagrario, aunque tan solo apercibas, dentro de la oscuridad, la tragedia del Dios muerto…

¡Busca ratos de Sagrario, sin buscar más que al Eterno, sin esperar más que a Él, sabiendo, por la esperanza, que al fin se abrirán los Cielos…! ¡No te canses, que el amor no conoce el desaliento!

Por eso, ora incansable ante tu sagrario abierto, donde el Señor se ha quedado en un pequeño Sustento, para que tú le buscaras con esperanzas en fuego…

¡Ora incansable, hijo mío, que mi corazón, herido por las voces del Eterno, hoy te lo pide amoroso con mis clamores en celo…!

¡Ora incansable, hijo mío, dándole a Jesús consuelo!

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

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