Fue un día 4 de julio de 1975. La Madre Trinidad abría una nueva Casa de Apostolado en la ciudad de Guadalajara (España).

Se quedaba allí con su descendencia, en esta amada diócesis de aquel que sería “El Obispo de La Obra de la Iglesia: D. Laureano Castán Lacoma”.

Trascribimos a continuación algunos párrafos de su homilía en la inauguración de la casa:

“La Obra de la Iglesia viene a hacer Iglesia; la Obra de la Iglesia viene a hacernos descubrir a todos, o a redescubrir si queréis, profundizando en él, el misterio de la Iglesia y a ayudarnos a adentrarnos en esa realidad arcana de la Iglesia que es misterio de unidad y de caridad. Todos, si somos fieles al Espíritu, nos sentiremos más Iglesia, nos sentiremos más unidos, nos sentiremos más compenetrados, nos sentiremos más influenciados por la caridad unitiva del Espíritu Santo.

[…]

El apostolado, el trabajo para hacer crecer a la Iglesia, el esfuerzo para hacer profundizar en la Iglesia es ante todo trabajo de caridad y trabajo de amor. Es la caridad lo que hay que irradiar, es la caridad la llama que hay que prender en los corazones, y esto, estoy seguro, es lo que hará La Obra de la Iglesia en esta ciudad y en esta Diócesis, como lo viene haciendo en todas partes dónde actúa. Pidamos todos al Señor que ese don, que solo puede venir de Dios por el Espíritu Santo, que esa virtud de la caridad sea derramada con abundancia, con plenitud, sobre nuestros corazones, sobre La Obra de la Iglesia, sobre los que queden al frente de esta casa, para que su apostolado pueda ser verdaderamente profundo y verdaderamente eficaz.

Yo sé que la aspiración más profunda de la fundadora de la Obra de la Iglesia y la de sus hijos espirituales es precisamente esa: que la vida sea un acto de amor puro a Dios; no muchos actos, un acto solo, continuado ininterrumpidamente a lo largo y ancho de la vida, que culmine en la entrega de nuestro espíritu en las manos del Señor, cuando, como Cristo en la cruz digamos: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu” (Lc. 23, 26).

Ojalá que no solo ella sino todos nosotros y todos aquellos a los cuales lleguen los efectos del trabajo evangelizador y de la irradiación apostólica de La Obra de la Iglesia, podamos ver realizada una aspiración semejante.

Que todos, después de haber trabajado aquí en la tierra, tanto en las ocupaciones de orden material, como en los trabajos y en las ocupaciones directamente apostólicas, a través de ello, consigamos realizar este acto de amor puro, que culmine con la última palpitación de nuestro corazón y que enlace y empalme con el primer acto de amor que haremos cuando abramos nuestros ojos a la luz del cielo y veamos cara a cara la hermosura del divino rostro.”

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Laureano Castán Lacoma depositó en el Sagrario al Santísimo Sacramento, y desde entonces permanece acompañado por los hijos de la Madre Trinidad, en la pequeña capilla que con tanto cariño ella preparó.

Al final de la Santa Misa, la Madre Trinidad se dirigió a los asistentes, agradeciendo en primer lugar, la buena acogida, el cariño y el aliento del Señor Obispo, que nos honraba con su presencia.

“La Obra de la Iglesia -dijo- ha encontrado siempre en el Señor Obispo al Buen Pastor, con corazón de padre y amor de Espíritu santo. Y apoyados en la seguridad que, como columna de la Iglesia que es para nosotros, comenzamos confiados nuestro quehacer de Iglesia en su Diócesis.

Nuestra casa, verdadero hogar para todos, se abre hoy para todos cuantos quieran venir en busca de Jesús en el Sagrario o a llenar su alma del conocimiento de Dios.

Dios, que vive su vida de hogar en su intimidad Trinitaria -añadió-, fundó su Iglesia para prolongar por Cristo, y a través de María, su vida de familia con los hombres. Y nosotros sólo queremos ser el eco de la misma Iglesia, que ofrezca a todos la ocasión de hablar de Dios, de profundizar en el conocimiento de nuestros dogmas riquísimos y de vivir con espíritu sencillo, alegre y confiado nuestro ser de hijos de Dios.”

Agradeciendo a todos su compañía, reiteró su ofrecimiento, el de La Obra de la Iglesia y el de su nueva Casa de Apostolado al Señor Obispo y a todos los sacerdotes y fieles de la Diócesis.

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